Ansiedad, desconocida aliada

09/12/2019
ansia

¿Qué es la ansiedad?

Es la normal respuesta de nuestro organismo cuando se prepara a abordar una situación desconocida; se trata de un conjunto de emociones y sensaciones que incluyen el miedo, preocupación y aprensión.
Lo que desde luego define un estado ansioso es una condición de máxima activación general del organismo entero.
Dentro de unos límites, un estado de activación resulta funcional cuando tenemos que enfrentarnos a una prueba o situación desconocida; por ejemplo, cuando tenemos que dar un examen o ir una entrevista de trabajo.
En estos casos, tener un elevado nivel de atención y activación permite estar más concentrados en uno mismo y en el trabajo que hacer, favoreciendo nuestra performance. Hasta aquí todo bien.
¿Qué pasa cuando este estado de activación se vuelve en una condición casi constante en el propio día a día? Se vuelve en un malestar que perjudica las normales actividades de nuestra vida.

 

Como te hace sentir

En el estado ansioso nos sentimos agitad@s, asustad@s o preocupad@s por la minima cosa que pueda pasar dentro o afuera de nosotros; el respiro se vuelve corto, se incrementa el ritmo cardíaco, sentimos tensiones musculares en la zona de los hombros, cuello, espalda y piernas; a menudo alcanzamos tener dolor de cabeza o dolores abdominales.

Sensación de alerta y suspensión

Además de las sensaciones anteriormente mencionadas, lo que la persona ansiosa refiere es un estado de alerta y constante sensación de suspensión: como si de un momento al otro pudiera pasar algo peligroso o amenazante y la situación no estuviera bajo control.
De echo, de un punto de vista psicofisiológico, la ansiedad es una condición psicofísica en que falta el normal estado de apoyo corporal.
En la condición ansiosa, la postura se presenta con específicas características: los hombros un poco elevados, el pecho encerrado y tensiones en el abdomen con el consiguiente respiro corto, las piernas tensas y escasa percepción de los pies.
Manteniendo este tipo de postura durante un tiempo prolongado, falta la fisiológica descarga del peso corporal en el suelo; esta es la condición indispensable para mantener la postura erecta, utilizando un nivel apropiado de actividad muscular. Faltando una suficiente descarga del peso corporal, se asiste a un estado de cansancio que la persona ansiosa vive casi de manera constante.

Por qué llega la ansiedad en nuestra vida

La condición ansiosa es un importante mensaje que el nuestro organismo nos está enviando: nos está diciendo que ya llevamos tiempo manteniendo unos esquemas de comportamiento que ya son obsoletos; supuestamente estuvieron funcionales durante mucho tiempo pero en nuestra vida actual incluso se volvieron contraproductivos.
Pensemos, por ejemplo, en como de niños fuimos educados con la idea de tener siempre que demostrar de “ser buenos”: buenos alumnos, buenos en el deporte y con los amigos. Buenos también para ser obedientes y condescendientes con los adultos de la familia, porque muchas veces esta es la única condición indispensable que tenemos para sentirnos aceptados y amados.
Luego llega el momento en que nuestra esencia, nuestra auténtica naturaleza (quien somos, lo que realmente deseamos más allá de los deseos y las expectativas de los demás) empieza a dejarse sentir, nos presiona para que sea vista y reconocida, antes que nada por nosotros mismos.

 

Como abordar y solucionar la ansiedad

Nuestro organismo nos habla con el lenguaje que le pertenece, ósea lo del cuerpo, con todo el abanico de emociones y sensaciones anteriormente mencionadas.
Evidentemente se trata de sensaciones claramente incómodas que querríamos eliminar lo antes posible, quizás pidiendo al medico de cabecera el mejor ansiolítico. Esta es una opción totalmente comprensible y respetable de mi parte.
Sin embargo existe una otra opción que consiste en aprender a escuchar esa parte auténtica silenciada durante mucho tiempo; mantenida el el rincón precisamente porque iba en contra de las exigencias y las necesidades de nuestros familiares.
Una vez que damos el derecho de existencia a nuestra parte auténtica, es posible presenciar una mejoría en nuestra vida. Comprender y sentir quién somos y qué realmente deseamos, nos hace experimentar el echo de ser personas liberas, a pesar de lo que vivimos, tuvimos o no tuvimos en nuestra infancia. Como dijo J.P. Sartre: “La libertad es lo que haces con lo que te han echo”.

Aliarte con tu propia ansiedad

Por lo tanto, “aliarse” con su propia ansiedad significa transformar el propio malestar en una ocasión para detenerse, salir de la rutina del “hacer” para promover el “sentir”.
Es posible observar ciertos comportamientos arraigados en años y empezar a verlos como habituales, más que normales: esto nos permite descubrir los grandes recursos que tenemos y que el cambio siempre es posible.
El malestar que sentimos llega para “advertirnos” que nuestra habitual manera de sentir, pensar y actuar ya no nos sirve; tenemos que descubrir otras maneras más apropiadas para la persona que somos “en el aquí y ahora”.
De esta forma, al final de un proceso psicoterapéutico, el recuerdo de la ansiedad vivida irá acompañado por un sentimiento de gratitud hacia ella: por hacernos despertados y hacernos empezar a vivir nuestra vida de manera más plena y auténtica.

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