Cuando la mente va en cuarantena

13/06/2020

El miedo y el sentimiento de impotencia

Tras las primeras reacciones optimistas, acompañadas de aplausos, arcoíris y hashtag (#yomequedoencasa, #juntossaldremosdeaqui) la Covid-19 nos ha obligado, quien más quien menos, a enfrentarnos al miedo. El miedo al contagio (de nosotros mismos y de nuestros queridos que están más en riesgo), al estar lejos de nuestros familiares, al perder el trabajo y al no poder prever lo que nos espera en los próximos meses. El miedo constante y prolongado produce en el organismo una reacción fisiológica que puede llevar a trastornos del sueño, a trastornos del alimentación y la aparición de un estado de ansia.

El otro elemento con lo cual nos estamos enfrentando es el estado de impotencia: porque nada podemos en contra de un “enemigo” invisible, como un virus, que nos obliga a recordar que somos simples seres humanos; hermosos seres que danzan dentro del circulo de la propia finitud. Parece que nos hemos olvidado de nuestra naturaleza mortal, debido a que el mundo en que vivimos nos da una ilusoria condición de omnipotencia, privilegio a costa de la salud del medio ambiente y de los derechos de los trabajadores.

Ahora que disminuyen las medidas de seguridad, tanto en España como en Italia: ¿Que ha cambiado? ¿Algo ha cambiado en la percepción de esta nueva realidad? Las personas que no pertenecen a las categorías de riesgo, “sanas” o simplemente asintomáticas, están experimentando un sentimiento de alivio y de retomada libertad. ¿Pero es así para todos?

 

Pequeño y grandes descubrimientos

La mezcla de miedo y impotencia, que a menudo las personas me cuentan, en ciertos casos produce una sensación de bloqueo y de dimensión suspendida en el vacío.
Aunque estemos recogiendo un día a día más normal, parece que algunos se sienten diferentes de aquellos que han vuelto a sentarse en las terrazas para brindar el fin de una mala experiencia.

Es importante podernos sentir más seguros y apaciguar el estado de alarma en que estuvimos, volviendo a hacer la vida que hacíamos antes del Covid, pero no todos parecen pensar lo mismo.Es como si necesitáramos aún tiempo para entender y asimilar lo que pasó; me refiero al echo de ponerse en una posición de escucha para averiguar si algo cambiò y como, afuera y dentro de si mismo.

¿A lo mejor hemos visto facetas de nosotros mismos que no conocíamos, que nos asombraron, llevándonos una sonrisa de auto ironía o preocupación?
Creo sea importante abordar con los aspectos de nosotros mismos con los que hemos conectado, sea agradable o desagradable; podría ser algo útil, precisamente como un material maleable a lo que podemos dar una forma. Podría llevarnos a conocer algo más sobre nosotros mismos y sobre algo que quisiéramos mejorar.

A lo mejor algunos podrían haber tenido la confirmación de que ya no están a gusto en el trabajo y quizás podrían empezar a pensar en nuevos proyectos en un futuro a medio o largo plazo. Alguien más quizás tuvo la ocasión de darse cuenta de querer cambiar algo en ciertas relaciones y actuar de consecuencia.

¿Y los italianos en el extranjero?

Para los expats, como nosotros que vivimos en España, aún es más difícil porque todavía no se puede viajar, aun no podemos volver a abrazar nuestras familias, nuestros amigos, nuestras ciudades.

Entre las ventajas de vivir en este primer mundo, sin duda hay el acceso a la tecnología que nos permite de sentirnos todos un poco más cerca. Benditas sean entonces las videollamadas que nos permitieron asistir a la preparación de la cena de nuestra madre o ver al bebé recién nacido de nuestra mejor amiga.

Es verdad, bendita tecnología, pero esta no colma la necesidad del contacto fisico aunque sea de deos metros de distancia…Para no hablar de la sensación de vivir divididos (entre aquí y allí) durante estos dos meses. De un lado, estando actualizados sobre la evolución del contagio y los fallecimientos en España y al mismo tiempo, asistir, a distancia y de manera impotente, a lo que pasaba en Italia. Incluido la tragedia de los fallecidos en numerosas familias a los que nadie pudo dar su ultimo saludo. El rito funerario no es algo que tiene a que ver solo con la religión sino es un echo imprescindible que concierne un etapa importante en el proceso de duelo.

¿Qué futuro nos espera?

Creo que tenemos claro que hay un “antes” y un “después” de la Covid-19 y que las cosas ya no serán como antes, tanto a nivel laboral como a nivel social. La incertidumbre del futuro es, quizás, una de las cosas mas difíciles con la que haya y habrá que convivir a lo largo de este momento de espera y suspensión. A esta condición hay que sumar la dificultad en habitar un espacio que aún no hay o que aún no está dibujado.

¿Como es posible habitar un espacio que aún no hay? Es como mirar un terreno vacío y hacer un proyecto para construir allí una casa; para proyectar es imprescindible mantener viva la capacidad de imaginar.

Un primer paso podría ser lo de intentar a imaginar el futuro que de verdad queremos, teniendo en cuenta lo que descubrimos durante el confinamiento, y sabiendo que tenemos que llevar cambios al proyecto a medida de lo que vamos desarrollando.

Este tiene a que ver no solo con la capacidad de sobrevivir sino sobre todo con el propio existir, ósea con el dar un sentido a lo que he vivido hasta hoy y a lo que quiero para mi en mi futuro.
Sólo me queda desearos un buen reinicio, y que podáis experimentar maneras, nuevas, autenticas y creativas para habitar vuestro espacio sagrado que es vuestra propia existencia.

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