La Danzaterapia, conocida también como Danza Movimiento Terapia, es un enfoque terapéutico que utiliza el movimiento y la danza para mejorar la salud mental y emocional, fomentando la autoconciencia y la expresión emocional.
A pesar del nombre, la Danza Terapia no tiene nada que ver con aprender pasos y coreografías. Además, no se requiere experiencia previa en danza para practicarla.
La Danzaterapia con enfoque psicofisiológico es un conjunto de técnicas basadas en el modelo teórico de la Psicofisiología Clínica del profesor Vezio Ruggieri. Durante los últimos 15 años, he integrado estas técnicas con diversas metodologías psicológicas y experiencias en el lenguaje de la danza (contemporánea, contact improvisation y Danceability).
He desarrollado una propuesta terapéutica que ofrece un amplio abanico de herramientas para el crecimiento personal y terapéutico. Estas herramientas permiten tomar conciencia de los patrones psico-corporales habituales que afectan directamente la autoestima, la percepción de uno mismo y la calidad del espacio que nos permitimos ocupar en el mundo.

Esta experiencia grupal requiere la presencia de al menos cuatro participantes. Está dirigida a todas las personas que desean aprender a expresar sus emociones, especialmente a aquellas que tienen dificultades para hacerlo verbalmente. A través del lenguaje corporal, es posible conectar de manera más directa con las emociones internas que a menudo no podemos identificar ni nombrar.

Cada taller de Danza Terapia incluye una primera parte de presentación de los conceptos principales del marco teórico y una parte práctica donde se experimentan diversas técnicas psicofisiológicas: exploración de la respiración y del imaginario individual, percepción del apoyo corporal y de la postura, y descubrimiento del movimiento libre y auténtico, tanto a nivel individual como grupal.
Cuando movemos el cuerpo de manera libre, nos damos la oportunidad de sentirnos plenamente, enviando al cerebro señales de la existencia de cada parte del cuerpo. Los estímulos enviados desde la periferia corporal (músculos y tendones) a la corteza cerebral forman la imagen corporal que tenemos de nosotros mismos, influyendo en la percepción corporal y en la autoimagen global.
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